La caja de las fotos

acabo de leer esto y me he enamorado…

En obras

—No abras el armario.

—¡Déjame coger la caja! ¡Por faaaa…!

—Como se pierda algo…

Eso era un “sí”.

Nunca quise que se perdiera nada. Por eso me subía a la cama, estiraba la mano y tanteaba hasta dar con la llave del armario, que introducía con cuidado en la cerradura. No era fácil abrirla. Tenía que escuchar un crujido y empujar los resortes con sigilo, igual que un ladrón. Primero aparecían los trajes del abuelo, suspendidos sobre un montón de toallas. Luego sus corbatas, colgadas a un lado. Y debajo, los cajones: las monedas de la dictadura, un abanico, ese chisme metálico, la maquinilla de afeitar, los jabones intactos. El olor a madera seca. Como si hiciera inventario, revisaba todos los cachivaches antes de coger la caja, abrazarla y correr por el pasillo. Una caja pequeña, metálica y llena de fotografías en blanco y negro. La abría cuando llegaba al salón, donde latía el…

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